Por Redacción | Ensenada, Baja California, 6 de abril de 2026.
La tensión política en Ensenada ya no se oculta. Lo que comenzó como diferencias discretas dentro de Morena hoy escala a un conflicto que pone bajo la lupa la gestión del exalcalde y actual senador Armando Ayala Robles, particularmente por observaciones federales que superan los 120 millones de pesos.
De acuerdo con reportes sobre la revisión de la Auditoría Superior de la Federación, el monto observado asciende a $120 millones 290 mil 946.5 pesos correspondientes a la Cuenta Pública 2024. El propio Ayala ha salido a fijar postura, negando irregularidades y asegurando que se trata de procesos administrativos que podrán solventarse con documentación.
Sin embargo, el problema va más allá de un trámite técnico. El señalamiento revive cuestionamientos sobre el manejo financiero durante su administración, en un municipio que hoy enfrenta una de las crisis económicas más severas del país a nivel local.
Ensenada no sólo carga con observaciones federales pendientes. Arrastra también un pasivo superior a los $5 mil 141 millones de pesos, cifra que ha colocado al Ayuntamiento en una condición operativa crítica.
La combinación de deuda acumulada, presión fiscal y recursos limitados dibuja un escenario donde cualquier irregularidad adquiere mayor gravedad política.
En ese contexto, el actual gobierno municipal ha optado por una postura más institucional y cautelosa, evitando confrontaciones abiertas mientras el tema sigue escalando en el ámbito público.
Pero el silencio relativo no disipa la percepción: la herencia financiera se ha convertido en un lastre imposible de ignorar.
El foco, entonces, se concentra en Ayala. No sólo por las observaciones, sino por el momento político en el que surgen. Como senador, su margen de maniobra ya no está en el control administrativo, sino en la narrativa pública. Y ahí, las explicaciones técnicas suelen quedarse cortas cuando los números no cuadran.
En Morena, el episodio también deja grietas. La supuesta continuidad entre administraciones empieza a diluirse frente a un escenario donde cada actor busca deslindarse del costo político. Lo que antes era discurso de unidad hoy se traduce en distancia estratégica.
Ensenada, mientras tanto, sigue atrapada en una realidad incómoda: una ciudad con enorme potencial económico, pero con finanzas debilitadas y una clase política más ocupada en justificar el pasado que en corregir el rumbo.
Porque cuando los números no cierran, la política tampoco.