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Por Redacción | Tijuana, Baja California, 25 de marzo de 2026.
En Tijuana, la promesa de servicios básicos vuelve a diluirse entre fugas, omisiones y decisiones que hoy pasan factura. Habitantes del fraccionamiento Residencial La Esperanza denunciaron una situación crítica: derrames constantes de aguas negras y la suspensión del suministro de agua potable, un escenario que expone tanto riesgos sanitarios como fallas estructurales en la gestión pública.
La problemática, lejos de ser reciente, arrastra antecedentes que, según los propios colonos, fueron ignorados. María Aurora Pérez, representante legal de la asociación de vecinos, aseguró que durante días reportaron una fuga considerable sobre la Avenida Internacional, la única vía de acceso al fraccionamiento, sin obtener una respuesta oportuna.
El señalamiento es más grave de fondo: desde hace al menos dos años, advierten sobre la construcción de viviendas sobre el colector central de aguas negras, una infraestructura clave que conecta drenajes de varias colonias. De acuerdo con los vecinos, dichas obras se habrían realizado sin licencias, bajo la mirada permisiva —o ausente— de las autoridades municipales.
El resultado hoy es visible y, sobre todo, insoportable. Derrames recurrentes, malos olores, calles contaminadas y un sistema de drenaje que simplemente dejó de funcionar como debería. A esto se suma la reciente intervención en el colector de la rampa Internacional, que lejos de resolver el problema, ha generado nuevos puntos de fuga.
Por su parte, la Comisión Estatal de Servicios Públicos de Tijuana (CESPT) confirmó trabajos en la zona y justificó la falta de agua potable como parte de las labores de reparación. Sin embargo, su postura también deja dudas: mientras atribuyen el origen del problema a un taponamiento en la red, deslindan responsabilidad sobre otras zonas afectadas.
El contraste es evidente. Mientras los vecinos denuncian años de advertencias ignoradas y posibles irregularidades en desarrollos habitacionales, la autoridad responde con explicaciones técnicas que no terminan de responder al fondo del problema: ¿quién permitió construir sobre infraestructura crítica y por qué no se actuó a tiempo?
Hoy, Residencial La Esperanza enfrenta una crisis que no solo es sanitaria, sino también institucional. Porque cuando el drenaje colapsa y el agua desaparece, lo que realmente queda expuesto es la fragilidad de un sistema que reacciona tarde… o simplemente no reacciona.
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