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Por Redacción | Tijuana, Baja California. 07 de abril de 2026.
El caso de Grúas Martínez no solo sigue vigente, sino que se consolida como uno de los ejemplos más incómodos de cómo una concesión pública puede transformarse en un esquema opaco con tintes de impunidad. Bajo el mando del empresario Julio Puebla, el modelo de operación ha despertado señalamientos graves que, hasta ahora, no han tenido una respuesta institucional proporcional.
En el centro de la polémica se encuentra un mecanismo que, según denuncias, raya en el despojo sistemático: los llamados “autoremates”. Un esquema donde el propio concesionario termina siendo juez y beneficiario, adquiriendo vehículos resguardados en sus corralones para posteriormente comercializarlos. Un circuito cerrado donde el ciudadano queda fuera y la legalidad parece estorbo.
Pero el problema no termina ahí. La operación de depósitos vehiculares en zonas como Ojo de Agua, Mariano Matamoros y el Cañón del Sáenz exhibe un patrón aún más preocupante: predios sin permisos claros, condiciones irregulares y reportes constantes de cobros indebidos para liberar unidades. Espacios que operan, en los hechos, al margen de cualquier control municipal efectivo.

El poder económico de Puebla —apodado “El Rey de la Chatarra”— no solo se limita al negocio. Versiones dentro del propio aparato municipal apuntan a una estrategia de presión mediática y política dirigida contra funcionarios que han intentado frenar o revisar sus operaciones.
El señalamiento es delicado: una presunta red de influencia que incluye pagos a comunicadores para moldear narrativas, atacar adversarios y blindar intereses.
En paralelo, las denuncias laborales refuerzan la imagen de una empresa que no solo acumula señalamientos administrativos, sino también humanos. Despidos injustificados, falta de liquidaciones y presión interna a trabajadores que se resisten a prácticas irregulares forman parte del expediente que crece sin freno.
Mientras las acusaciones se multiplican, la ausencia de acciones concretas deja una pregunta flotando en el aire: ¿se trata de una tolerancia deliberada?
Cuando el poder público cede terreno frente a intereses privados, la factura no tarda en llegar y en este caso, el desgaste no será silencioso.
La historia de Grúas Martínez no es solo la de un concesionario cuestionado. Es el reflejo de una estructura que permite, tolera o simplemente ignora y en política, ignorar también es decidir.
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