Published
22 hours agoon
By
Redacción
Por Redacción | Baja California, 15 de febrero 2026.
En el tablero legislativo federal, el nombre de Fernando Castro Trenti destaca por encima del resto de los diputados bajacalifornianos en un rubro específico: número de iniciativas presentadas.
Con 37 propuestas registradas como inicialista hasta el segundo periodo ordinario del segundo año legislativo, Castro Trenti encabeza la lista estatal en productividad cuantitativa. En un escenario donde varios representantes apenas alcanzan cifras de un solo dígito, su volumen resulta significativo.

Sin embargo, el análisis no puede quedarse en la estadística bruta. De esas 37 iniciativas, únicamente tres han sido aprobadas; el resto permanece en trámite o en espera de dictaminación. Esto coloca el debate en un terreno más complejo: presentar no siempre equivale a incidir.
El contexto también es relevante. Castro Trenti figura entre los perfiles con aspiraciones electorales hacia la gubernatura, lo que naturalmente coloca su desempeño bajo mayor escrutinio público. En política, quien aspira a gobernar debe demostrar no solo presencia, sino capacidad de construir consensos y transformar propuestas en normas vigentes.

Comparado con otros legisladores del estado, su actividad es constante y visible. No obstante, el verdadero desafío radica en elevar la tasa de efectividad y lograr que ese volumen de trabajo se traduzca en reformas concretas que impacten directamente a Baja California.
El momento exige liderazgo legislativo estratégico. En un Congreso dominado por mayorías definidas, la habilidad de negociación, la articulación transversal y la pertinencia técnica de las iniciativas son factores determinantes.
Fernando Castro Trenti ha mostrado iniciativa. El siguiente paso es consolidar resultados. Porque en la arena federal, la diferencia entre protagonismo y trascendencia la marcan las leyes aprobadas, no las registradas.
Baja California necesita representantes que no solo ocupen espacio en el debate, sino que construyan influencia real. Y en ese escenario, la productividad de Castro Trenti abre una conversación legítima sobre el peso político del estado en San Lázaro