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Por Redacción | Tijuana, Baja California, 24 de febrero de 2026.
La sotana no fue suficiente para ocultar la doble vida. El obispo católico caldeo de San Diego, Emanuel Shaleta, enfrenta una investigación formal del Vaticano tras revelarse que cruzaba con frecuencia la frontera hacia Tijuana para visitar el centro nudista Hong Kong, ubicado en la Zona Norte, epicentro del comercio sexual en la ciudad.

De acuerdo con la investigación publicada por el medio católico The Pillar, el religioso habría visitado el establecimiento en múltiples ocasiones, incluso hasta 12 veces en un solo mes, conducta que le habría valido el estatus de “cliente VIP”, con acceso a beneficios exclusivos como estacionamiento privado y traslado en limusina desde la garita de San Ysidro hasta la calle Coahuila.

Pero el escándalo no se limita a lo moral. Documentos revisados por autoridades eclesiásticas apuntan a una presunta malversación de fondos cercana al medio millón de dólares, además de irregularidades en depósitos bancarios relacionados con servicios parroquiales cobrados en efectivo. La sospecha: el dinero no siempre llegaba completo a las cuentas de la iglesia.
La investigación interna, ordenada por el Vaticano y asignada al arzobispo de Los Ángeles, José Gómez, derivó en la contratación de un investigador privado —un ex agente del FBI— quien habría seguido al obispo durante sus visitas nocturnas a Tijuana.

El caso escaló también a instancias civiles. El Departamento del Sheriff del Condado de San Diego abrió una carpeta para determinar si existen elementos suficientes para presentar cargos penales. Hasta el momento, Shaleta no ha ofrecido una postura pública ante los señalamientos.

El contraste no pasa desapercibido: mientras la Iglesia Católica Caldea predica austeridad y rectitud moral, uno de sus representantes más visibles es señalado por frecuentar un establecimiento que organizaciones de derechos humanos han descrito como un foco de explotación sexual.
La pregunta inevitable no es solo qué hacía un obispo en la Zona Norte de Tijuana, sino cuántas alertas fueron ignoradas antes de que el escándalo cruzara fronteras. La fe, cuando se mezcla con dinero y silencio, suele dejar heridas profundas.