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Por Redacción | Ciudad de México, 18 de mayo de 2026.
La confirmación de la visita del rey Felipe VI a México durante el Mundial 2026 abrió un nuevo escenario diplomático entre México y España, después de años de tensión por la exigencia mexicana de reconocimiento a los abusos cometidos durante la Conquista.
La presidenta Claudia Sheinbaum informó que recibió una comunicación oficial sobre la asistencia del monarca español, quien prevé acudir al partido de España contra Uruguay, programado para el 26 de junio en Guadalajara, Jalisco.
Aunque el motivo inmediato será deportivo, la mandataria colocó el hecho en un contexto político e histórico más amplio. Señaló que la relación bilateral atraviesa “un momento distinto”, luego de que autoridades españolas, incluido el propio rey, reconocieran abusos cometidos durante el periodo colonial.
Sheinbaum recordó que el desencuentro inició con la carta enviada por Andrés Manuel López Obrador al rey de España para solicitar una disculpa por los agravios de la Conquista. La falta de una respuesta en los términos planteados por México derivó en una distancia simbólica que también influyó en la decisión de no invitar al monarca a la toma de posesión presidencial de 2024.
La presidenta subrayó que, pese a ese diferendo, nunca hubo ruptura diplomática, comercial ni económica entre ambos países. Lo que existió, dijo, fue una diferencia de visión histórica que comenzó a modificarse mediante gestos culturales y declaraciones públicas.
Entre esos acercamientos destacó el envío de exposiciones mexicanas a España, una dedicada a mujeres indígenas y otra al patrimonio del Museo Nacional de Antropología, que fueron visitadas por el rey Felipe VI. Para el gobierno mexicano, esos espacios ayudaron a abrir una conversación más amplia sobre memoria, dignidad y reconocimiento.
Sheinbaum aclaró que no asistirá a partidos del Mundial, ni siquiera al inaugural, pero dejó abierta la posibilidad de recibir al monarca en Palacio Nacional, dependiendo de la agenda que se construya con la embajada española.
La visita, en ese sentido, no representa solo la presencia de un jefe de Estado en un evento deportivo. También refleja un proceso de recomposición diplomática donde el fútbol funciona como pretexto y la historia como trasfondo.