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Redacción
Por Redacción | Tijuana, Baja California, 18 de mayo de 2026.
Entre láminas retorcidas, madera carbonizada y montones de ceniza, decenas de familias del Cañón del Padre comenzaron a reorganizarse tras el incendio que arrasó con cerca de 40 viviendas y dejó a múltiples personas sin hogar.
Apenas unas horas después del siniestro, vecinos, amigos, familiares y voluntarios comenzaron a llegar al lugar para apoyar en las labores de limpieza y levantar estructuras improvisadas que permitan a las familias afectadas resguardarse mientras intentan reconstruir sus hogares.
Miguel Méndez Velázquez acudió al sitio para ayudar a unos amigos afectados con la construcción de un baño provisional. Explicó que gran parte del material utilizado ha sido donado por compañeros de trabajo y personas cercanas que decidieron sumarse ante la magnitud de las pérdidas.
Detalló que varias familias permanecen refugiadas temporalmente en una iglesia cristiana cercana, luego de perder prácticamente todas sus pertenencias durante el incendio.
“No estaban en la casa, estaban en el trabajo cuando pasó el incendio y cuando llegaron ya no había nada más que rescatar”, relató.
Aunque reconoció que la solidaridad ciudadana se ha mantenido constante desde que ocurrió la tragedia, señaló que las necesidades han comenzado a cambiar conforme pasan las horas.
“Todo mundo se está uniendo y lo importante es que muchas instituciones, iglesias y otros se unieron para apoyar con despensa y comida. Acá comida ya no hace falta gracias al apoyo de muchos que están apoyando. Todo mundo viene y está apoyando con un taco”, expresó.
Sin embargo, indicó que actualmente lo más urgente para las familias es conseguir materiales y herramientas para iniciar la reconstrucción de sus viviendas, principalmente madera, triplay, clavos, martillos y palas.
Entre los afectados se encuentra Andrea Ramírez, quien desde hace cuatro años vivía en el lugar junto a su esposo y sus tres hijos de 10, 7 y 2 años. Tras perder su vivienda, improvisó un pequeño espacio utilizando triplays parcialmente quemados y algunas tablas que lograron rescatar entre los escombros.
“Quisiéramos que nos ayudaran con madera, triplays. La ropa más que nada ya no tenemos dónde meterla”, comentó.
Andrea recordó que apenas en diciembre habían terminado de construir un cuarto adicional para que sus hijos pudieran dormir más cómodamente. Ahora, improvisó camas con tarimas y madera para poder pasar las noches junto a su familia.
Otros habitantes afectados, como José Luis, recordaron los momentos de desesperación cuando comenzó el fuego y trataron de apagarlo antes de que se extendiera.
“Ahí estábamos cuando comenzó todo, corrimos para intentar apagarlo, pero no pudimos, se nos acabó el agua”, narró.
Aunque señaló que algunas autoridades acudieron posteriormente para entregar cobijas, afirmó que el apoyo más constante ha venido principalmente de ciudadanos y vecinos que han llevado ropa, alimentos y ayuda directa a las familias.
La mayoría de los terrenos afectados eran compartidos por familias completas entre hermanos, primos y otros parientes, quienes ahora enfrentan el reto de comenzar prácticamente desde cero en medio de las cenizas.