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Redacción
Por Redacción | Ciudad de México, 27 de febrero de 2026.
Apenas se calienta el debate por la reforma electoral y el dinero ya tomó partido.
El Gobierno encabezado por Claudia Sheinbaum oficializó los lineamientos que garantizan 828 millones de pesos en 2026 para los Centros de Atención Infantil (Cendis) operados por el Partido del Trabajo en al menos 15 estados.
El anuncio no llega en el vacío: se da justo cuando el PT condiciona su respaldo a la reforma constitucional y cuando, en los hechos, ya se cocina la alianza con Morena rumbo a 2027.
El mensaje político es tan claro como el presupuesto: los votos estratégicos se aseguran con estructura y la estructura se fortalece con recursos públicos.
Cada Cendi podrá recibir montos que, en promedio, superan los 2 millones de pesos anuales para mantenimiento, servicios, equipamiento y operación administrativa.
Aunque el oficialismo defiende la medida como un acto de certeza jurídica para un programa educativo contemplado en el Presupuesto, la temporalidad levanta sospechas.
No es la primera vez que estos centros enfrentan señalamientos.
En 2017, la entonces Procuraduría General de la República abrió investigaciones por presunto desvío de recursos en Nuevo León.
Los expedientes se diluyeron con el cambio de administración federal. Nadie fue detenido y nadie fue sentenciado.
Hoy, el tablero es otro, pero la aritmética es la misma.
La reforma electoral requiere mayoría calificada y el PT es clave; el calendario no perdona: mientras se negocian plurinominales y financiamiento partidista, el flujo presupuestal ya está garantizado.
Paralelamente, operadores políticos de Morena y del PT han comenzado a delinear la ruta de una alianza consolidada para 2027, no sólo como coalición electoral, sino como bloque estratégico de permanencia territorial.
Los Cendis, más allá de su función social, representan también presencia, estructura y movilización.
La pregunta es inevitable: ¿se trata de política pública o de política pura?
Cuando los recursos públicos coinciden milimétricamente con las necesidades legislativas y las proyecciones electorales, la percepción pesa tanto como los números y hoy, los números hablan fuerte.