Baja California
¿La variable política en Baja California más importante del 2027?
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2 hours agoon
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Redacción
Por Redacción | Baja California | 20 de junio de 2026.
Muchos en Baja California están observando correctamente a los actores políticos rumbo a 2027, pero quizá están interpretando mal una de las variables más importantes del tablero.
Mientras la conversación pública se concentra en estructuras, grupos, cargos y cercanías políticas, existe un fenómeno que sigue creciendo fuera de los análisis tradicionales: el Factor Caballero.
No se trata de una candidatura, no se trata de una encuesta, ni siquiera se trata de un partido.
Se trata de una pregunta: ¿qué ocurre cuando una figura política deja el cargo y, en lugar de desaparecer, mantiene la capacidad de generar conversación, movilizar comunidades y seguir formando parte de la discusión pública? La respuesta podría ayudar a entender una parte importante del futuro político de Baja California.

Durante meses la discusión política se ha concentrado en quién tiene más estructura, quién gobierna más territorios, quién tiene más operadores o quién aparece mejor posicionado dentro del movimiento. Es una lectura lógica, la política tradicional siempre ha funcionado así.
Pero las campañas modernas han demostrado una y otra vez que los cargos generan visibilidad, mientras que los liderazgos generan permanencia, y no siempre son la misma cosa.
Por eso resulta interesante observar lo que está ocurriendo mientras Morena comienza a delinear las reglas rumbo a la definición de la Coordinación de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Baja California. El tablero ya empezó a moverse, los nombres empiezan a aparecer, las estructuras comienzan a activarse y los grupos se posicionan.
Precisamente por eso vale la pena detenerse a observar aquello que muchos siguen analizando de manera incompleta: Montserrat Caballero.

Durante mucho tiempo una parte importante de la clase política la interpretó exclusivamente como alcaldesa, después como ex alcaldesa.
Quizá ahí se encuentra el primer error, porque hace tiempo dejó de ser solamente eso.
La mayoría de los actores políticos desaparecen cuando termina el cargo. La conversación se mueve, la atención cambia, los reflectores apuntan hacia quienes ocupan las nuevas posiciones de poder.
Es la regla -dirían algunos-, con Montserrat ocurrió algo distinto: la presidencia municipal terminó, la conversación no.
Muchos pensaron que sin la exposición diaria del gobierno, sin conferencias de prensa, sin presupuesto institucional y sin el aparato que acompaña al poder, su presencia pública disminuiría rápidamente, pero eso no ocurrió.
Cuando una predicción política falla de manera tan evidente, normalmente vale la pena preguntarse qué fue lo que se analizó mal.
Quizá el error fue pensar que su principal activo era el cargo, y no la conexión.
Porque el Factor Caballero no se explica por una oficina, se explica por una comunidad. Mientras algunos liderazgos dependen de la institución, otros logran construir identidad. Mientras algunos necesitan el cargo para mantenerse visibles, otros consiguen permanecer en la conversación aun cuando el cargo termina. Las comunidades tienen una característica muy particular: permanecen.
Basta observar el comportamiento de sus redes sociales para encontrar una audiencia activa, participativa y emocionalmente vinculada a su figura pública. Eso no garantiza triunfos electorales, no sustituye la organización territorial ni reemplaza la estructura partidista, pero sí representa uno de los activos más valiosos de la política contemporánea: la relevancia. Una relevancia que no se hereda, no se compra, no se decreta. Se construye, y sobre todo se conserva.
Lo interesante es que esta discusión aparece justo cuando la Transformación entra en una nueva etapa. Morena ya definió reglas, tiempos y procedimientos. El Partido del Trabajo comienza a fortalecer sus tareas de organización. El Partido Verde perfila también sus propios liderazgos. Conforme avancen los meses surgirán nombres legítimos con aspiraciones igualmente legítimas: Fernando J. “El Diablo” Castro Trenti, Armando Ayala, Ismael Burgueño, Julieta Ramírez, Claudia Agatón, Alfredo Álvarez, Jesús Ruiz Uribe, Jorge Ramos y Evangelina Moreno.
Todas, todos y todes representan expresiones políticas reales dentro del escenario bajacaliforniano, todos tienen fortalezas propias y todos merecen ser observados con seriedad.
Precisamente por eso el caso de Montserrat resulta distinto. Porque mientras algunos liderazgos representan principalmente estructuras políticas, ella parece representar algo más complejo: una historia, una identidad, una comunidad y las comunidades suelen ser más difíciles de construir que las estructuras.
Hay otro elemento que pocas veces aparece en la conversación. Montserrat no es una figura externa a la Transformación, no llegó desde fuera ni apareció como una alternativa ajena al movimiento.
Su trayectoria política nació dentro de él: fue diputada de Morena, fue alcaldesa de Morena, ganó la ciudad más importante -Tijuana- de Baja California bajo esas siglas. Su historia política forma parte del crecimiento de la Cuarta Transformación en el estado, y por eso resulta simplista intentar explicar su presente como si estuviera desligado de ese proceso histórico.
Precisamente por eso su reciente incorporación a las tareas organizativas del Partido del Trabajo merece una lectura más profunda, no porque el PT represente una ruta distinta a la Transformación, sino porque forma parte de ella. Los proyectos políticos exitosos se fortalecen cuando logran sumar capacidades distintas bajo una visión común, y ahí podría encontrarse una de las claves más importantes de los próximos años.
Porque quizá la discusión correcta no sea quién representa mejor a un grupo político específico. Quizá la discusión correcta sea quién tiene capacidad para construir puentes entre distintos sectores de la Transformación: quién puede dialogar con la militancia histórica de Morena, quién puede conectar con la estructura del PT, quién puede generar interlocución con los aliados del Verde, quién puede hablarle a ciudadanos que no militan en ningún partido y quién puede sumar donde otros solamente compiten.
Es precisamente ahí donde aparece el Factor Caballero.
La posibilidad de que muchos sigan observando una ex alcaldesa cuando en realidad están frente a un liderazgo estatal en construcción.
La posibilidad de que muchos sigan contando estructuras mientras otros construyen comunidad, sigan midiendo cargos mientras otros fortalecen conexión. La posibilidad de que, cuando llegue el momento de construir unidad, descubran que algunas de las piezas más importantes del tablero llevaban años frente a ellos sin que terminaran de verlas.
Todavía falta mucho para 2027, demasiado.
Nadie puede anticipar resultados ni escribir desde hoy el desenlace de un proceso que apenas comienza. Pero sí hay algo que la experiencia política enseña una y otra vez: los procesos no siempre los definen quienes tienen más poder en un momento determinado. Muchas veces los terminan definiendo quienes logran construir algo más difícil: confianza, identidad, pertenencia, comunidad.
Porque hay liderazgos que sobreviven gracias al cargo, y hay liderazgos que sobreviven al cargo.
La diferencia entre unos y otros podría terminar definiendo el futuro político de Baja California.
Quizá el Factor Caballero no termine definiendo quién encabezará la Transformación en el estado, todavía es demasiado pronto para saberlo, pero ignorarlo sería un error.
La historia política está llena de actores que fueron derrotados por sus adversarios, y también está llena de actores que fueron subestimados por los analistas. Lo primero es común, lo segundo suele cambiar el rumbo de una elección.
Esa es precisamente la pregunta que empieza a recorrer Baja California: ¿estamos frente a una ex alcaldesa, o frente a la variable más importantes del 2027?
Porque si algo ha demostrado la política moderna es que los cargos terminan, la influencia no siempre.
