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Hacer comunidad, una herramienta para marchar durante el 8m

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Foto: Agencias

Tijuana, Baja California.- La lucha de género y el feminismo son temas que nos conciernen a todos, que en los últimos años nos han invitado a reflexionar sobre la sociedad, la cultura, la forma de relacionarnos con las personas hasta las formas en las que habitamos nuestros propios cuerpos, que además nos desafían a cambiar nuestras actitudes y nuestros prejuicios.

Cuando las miles de mujeres salen a marchar cada 8 de marzo en Tijuana y al rededor de México se unen en colectividad por un mismo fin, sin importar los contextos individuales, existe un solo sentido de urgencia por acabar con las estadísticas de violencia de género, un solo grito de desesperación por cada una de las mujeres que hoy ya no están.

De la organización civil surgen los llamados colectivos feministas, para luchar por la igualdad de género y los derechos humanos de las mujeres. El origen de estos organismos se remonta al siglo XVIII, cuando algunas mujeres reclamaron su participación política y social frente al absolutismo monárquico y la exclusión de los derechos civiles. 

En México, el primer movimiento feminista se originó en Yucatán en 1916, liderado por maestras y mujeres de clase media que buscaban reformas educativas y sociales. Desde entonces han jugado un papel importante en la defensa de los derechos de las mujeres y la transformación de la sociedad.

A la par de la lucha contribuyen a generar conocimiento y conciencia sobre las diversas problemáticas y demandas de las mujeres en su diversidad. Al hacer comunidad, se fortalece la voz y la participación de las mujeres en la sociedad, se amplía el impacto de sus acciones y se crea una cultura de respeto, equidad y justicia.

En sintonía con los colectivos, la sororidad juega un papel crucial en el movimiento del 8 de marzo. Este representa la solidaridad y apoyo entre mujeres, basado en el reconocimiento de las experiencias compartidas y la unión en la lucha por la equidad de género. 

Al unir fuerzas, abogar por los derechos de las mujeres, visibilizar las desigualdades, y trabajar en conjunto se vuelve más efectivo lograr un cambio significativo en temas como la igualdad salarial, acceso a la educación, participación política y la erradicación de la violencia de género. La sororidad fomenta un ambiente de apoyo mutuo y fortalece la voz colectiva de las mujeres en la búsqueda de la igualdad y la justicia y construye lazos de hermandad, empatía y colaboración entre mujeres, con el objetivo de superar desafíos comunes y combatir la discriminación de género.

En Tijuana, una ciudad con alerta de género, iniciativas como la de ‘Picnic sororo’, convocada por los diversos colectivos feministas en la ciudad, resuena como un espacio de convivencia segura, de escucha y lucha en conjunto por la erradicación de la violencia en contra de las mujeres.

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